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FLORES PARA UN ENCUENTRO

¿En qué momento nos separamos? ¿Cuándo fue que decidimos caminar separados? Hubo un tiempo en que todo era armonía, y aunque nuestra vida eran dos, era como si fuese una sola, imbricados, conjugados, pero separados, ángel y demonio, certeza y duda, así todo un complemento en un mismo cuerpo. Pero las cosas no son para siempre, y así como todo comienza, todo debe terminar. Y si me decían que cambie cuando eras yo, no puedo mentir, no lo necesito, y ¿cómo no cambiar, después de conocer al ángel negro que se metió en mi alma? Si en un momento las dudas llenaron los vacíos de mi alma, con tu llegada las certezas desaparecieron completamente, estaba como colgando, pendiendo de un fino hilo de plata, soñando, con lo ojos abiertos, en volar, por toda la oscuridad que llenabas con tu alma, por toda la eternidad de tus palabras, nunca dichas, no era necesario hablar, ni mirar. Estábamos allí, al filo del abismo, colgando de las estrellas. ¿Recuerdas cuando sentados en las rocas adivinábamos el infinito? Con un cigarro en los labios, y un café en las manos me indicabas la eternidad, era de noche, y las olas del mar rozaban nuestras almas impertérritas. La tranquilidad que me diste, nunca más la encontré. Y con tú mano etérea me indicabas el camino a recorrer, contigo, tú y yo… En ese preciso momento se quebró todo, cuando me invitaste a seguir y yo dudé. Tú solo caminaste, sin mirar atrás, sin pensar siquiera en un adiós. Y yo pensaba que en la libertad de nuestras almas, tu volverías a mí, conmigo, aquí en mi regazo era donde pertenecías. Insulsa, yo pensar en eso, mientras me invitabas a pasear contigo por los mares de la eternidad, mientras me invitabas a dormir, con los ojos abiertos, yo pensaba en seguir viviendo mi puerilidad. Después de todo, somos perecibles.

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Y ahora, te busco, en cada rincón de mi absurdo corazón, en cada pedazo de mi alma quebrada, en cada esquina de mis sueños. ¿Te confieso algo? Tengo pesadillas de flores blancas rodeándome, pesadillas de una felicidad incipiente. Ya nada es como antes. Ahora me dedico a recolectar rosas, ya no importa el color, pues tiño cada pétalo con mi sangre, que también es tuya, si la quieres te la doy toda, cada gota, de toda ella. Me entregué a la rutina de la pueril existencia de mi ser, (a veces dudo de mi existencia, pero no se lo comentes a nadie) a tanto a llegado mi comportamiento autómata que muchas veces ya no recuerdo ni mi nombre, soy como un ente que camina sin sentido, ya no soy, ni pertenezco, ni siquiera me nombro. Ya ni siquiera tengo amigos, se aburrieron de mí. De repente hablo sola, y camino como si supiese exactamente a donde voy, hasta que me encuentro en cualquier lugar, (quien sabe donde), y no reconozco nada, no falta aquella alma caritativa que me pregunta si estoy perdida, y yo le respondo: más que nunca. Más que nunca. En mi alma hay un millón de laberintos, y cada noche comienzo a recorrer uno nuevo, pero nunca lo termino, todo se ve tan igual, tan nimio. Tan solo. Tan sola. Hay días en que digo que todo va a cambiar, y me pongo traje de gala, me adorno de sonrisas, y todo va bien, es que ahora necesito mentirme. Y cuando ya me estoy convenciendo, veo una pluma de tú ala en alguna esquina perdida, y me lanzo en una loca carrera, desenfrenada, pero no. Creo que te estoy alucinando. Vuelve, dame la conformidad, por ultimo de saber que estás. No importa que no estés conmigo. Sólo quiero saber que estás. Ahora sé que nunca nos pertenecimos, ahora se que tú libertad, nunca fue la mía. Tu tiempo nunca fue el mío, y tú camino tampoco. Dame una señal, que ya no tengo lágrimas, ni fuerza para seguir llorando. Vuelve, para terminar con mi rabia, para evocarme cuando estaba contigo, para olvidarme de que tengo que seguir viviendo esta muerte prematura. El otro día me encontré con un amigo tuyo, otro ángel como tú, intentamos llorar juntos, me cobijo con sus alas, me señalo tú camino, y me dijo que nunca me habías abandonado, solo que tú presencia hace daño, pero tu ausencia aniquila. ¿Donde está? Le pregunte, busca en tú alma, me dijo, te has convertido en él. Y busco, te juro que busco, en cada pensamiento, en cada rincón, en cada hebra de mi trama te busco. Y ahora, recostada bajo el que alguna vez fue nuestro cobijo, te escribo esta carta, imagino esta carta para ti, ya no tengo fuerzas para seguir escribiendo, ni para seguir en este prolongado sueño del eterno crepúsculo. Ni para nombrarme, ni para avanzar, estoy durmiendo un sueño, que nunca fue el mío, la desesperanza ya no significa nada, por que nada tiene sentido, ni la vida ni la muerte, ni el amor, ni el odio, ya todo es lo mismo, todo es igual, es como vivir el mismo día eternamente. Hasta mi familia desistió, y ahora mi madre sólo se sienta a mi lado a intentar ver lo que veo, a recordarme que tengo que respirar, por ella, me dice, que respire por ella. En el último hálito de mi conciencia, te sueño. Si para ir a buscarte tengo que abrir los ojos, entonces cruel designio cumplido, por que una vez soñé con mi muerte, y a hora ese sueño se vuelve realidad. Si para buscarte, debo recorrer los paisajes de la eternidad, entonces déjame hacer el tiempo para ello. II Ha pasado el tiempo ya, todo intento fue vano, ahora ya comprendí que estas en mi, pero no sé donde. Volví a tener amigos, los de antes, y algunos nuevos. Con mi familia hacemos como que todo lo pasado fue un mal sueño, me engalano de sonrisas, falsas, claro esta. Pero sonrisas después de todo. En realidad todo sigue igual, pero ahora debo mentir constantemente, ya nadie me deja sola, ni siquiera duermo sola. Me hablan de cualquier banalidad y finjo interesarme, pero en realidad no escucho, no miro, no hablo. No duermo. Tengo miedo de dormir y de olvidarme de ti. Como vez las cosas están disfrazadas, ya no quiero ni vivir, ni morir. Ahora me dedico a recolectar flores nuevamente, las tiño de mi sangre, pero mi sangre ahora está contaminada, ahora es negra. Ya no te la puedo dar, recojo cada pétalo y lo pinto con mi sangre, armo las flores, en silencio, en la oscuridad, pego cada pétalo, pero ya no son como antes, ya nada es como antes. Y ahora, estás aquí conmigo, y me miras, pero eres diferente, ahora eres otro. “Ya no eres como yo” me dices, “haz trascendido mi estado” “tu rostro es antiguo, es de vida y muerte, de amor y odio” “Ahora mi trabajo está completo” “He venido a buscarte”. “Pobre de ti”, digo yo, “ahora ya me da lo mismo tu presencia, ¿no vez que la muerte soy yo? By Andrilu ...Ita

Cuntos mínimos
Todos by Andrilu (ita)



Carta a la amistad absurda


Hubo un tiempo inmemorial en que todo lo prometido se cumplía. Y ahora que te sé, y que me sabes, las cosas no pueden salir como quisiese.
Y me pregunto, todas las noches, en los instantes en que estoy sola, ¿como es que el destino ha confabulado contra mi?
La primera vez que te vi, supe seríamos, sin embargo la libertad que portas como estandarte traiciono un sueño que nunca se haría realidad, y como una mariposa te posaste en una flor que nunca sería yo. Nunca.
Las cosas no ocurrieron como yo hubiese deseado, y yo, yo no buscaba nada, como siempre, pero los derroteros del destino decidieron otra cosa, y allí estaba yo. Y una vez más la certeza de los sueños, de la intuición, deparaban otro camino, que a pesar de todo pasaba justo por tu lado. Y en tu mirada, reproche, sí, en un primer momento, sentí en tus ojos reproche, cuestionamiento, y que se yo que más. Sin embargo, las cosas se sucedían en un devenir que ya no podía controlar. Y es que nunca he controlado nada, ese, de hecho no es mi afán.
En la libertad de mi existencia, decidí caminar por otro camino, y disfracé alguno que otro sentimiento, hasta convencerme, incluso, de que estaba sufriendo. Cuando ya pensaba que todo por mi vida estaba aceptado. Como un vendaval las cosas se repitieron.
Y ahora que terminó todo, y que tú lo sabías, siempre lo has sabido, me defiendes de un sentimiento que nunca existió. ¿Cómo te entiendo?
Sueño contigo, pero no sufro por ti.
Y aquí adentro, de todo lo que llevo en mi alma, negra, podrida, absurda, innombrable, sé, en lo profundo, que somos. Sin embargo, las flores blancas te traicionan, y con ello, traicionas toda la libertad y la consecuencia que llevas en tu pecho.
Disculpa, yo no puedo ser otra. Ni siquiera por ti, menos por mí, no merezco cambiar por mi, y cada vez que veo tu acción, me cuestiono, me duele, me odio, por no ser lo que efectivamente no soy. Y si no soy aquello que tu estas buscando en las inocencias absurdas, entonces no soy buena para nadie, por que después de todo, y en el fondo de todo lo que siento, se que mi consecuencia, mi honestidad, están por sobre las falacias de las miradas blancas, sin embargo, prefieres a otra.
Nunca seremos más de lo que somos, por que tú no crees ser lo suficiente para mí, y por que yo sé que no cumplo con lo que tú buscas. Es por eso que buscamos consuelos absurdos en una amistad, que de hecho no es tal. Sabemos lo que somos, y no lo aceptamos.
Y por eso me odio, con tanta fuerza, alzo copas de muerte con la sangre de mis venas, derramadas, desgarradas con mis propios dientes. Corto el viento con mis cabellos danzando, estoy aquí, en el filo del abismo de la propia incomprensión, en la puerilidad de mi propio pensar, de mi propio ser. Cada día que pasa, en los silencios de la conciencia, recuerdo lo que vi la primera vez que te supe.
Allí, escondida, incluso de mi propia sombra, pienso en todas las posibilidades de que el destino no me decepcione, pero no puedo escapar de lo que sé.
Ahora, que todo está más claro en mis pensamientos, y a pesar de todo lo malo que hay en mi, me voy a obligar a olvidarte, y a olvidar todo aquello que te rodea, prefiero la oscuridad infinita, la duda eterna del ser, a saber que estas ocupado acariciando pétalos de flores. Pues yo nunca seré una flor. Y ya me canse de fingir una amistad absurda, que engaña, lo lamento, a pesar de lo que siento, por todo lo que me rodea, pero hay que tomar una desición, que deje a mi negro corazón buscar otros horizonte

IV

Cuando supe de tu ausencia permanente, decidí enfrentarme a los abismos de la misericordia engañosa.

Entonces me lancé en un alocado salto de esperanza motivado por tu encuentro, ese era mi deseo último. Ya no importaba nada, solo las telas de araña que dejaste atrás, las señales del camino, y alguno que otro paso tras de ti.

Anduve por muchos lugares, y me cruce con algunos conocidos. De tanto en tanto me detenía a leer mis anotaciones, a leer tus señales, es que no te encontraba, y entonces releía todo, una vez más, y otra vez, por si acaso faltase algo.

Sin embargo, no había nada. Ni tu aroma desencadenado, ni tu mirada perpetua, ni vida finita, nada. Los caminos se entrecruzaban, como un laberinto, cruel y desmotivante, habían señales equívocas que me indican un camino que no era el tuyo. Así y todo, continué buscando.

Bajo cada piedra, en cada tumba, en cada estrella, en las esquinas, en el viento, que lo único que me decían era que tú no estabas allí.

Finalmente llegue, al único lugar donde no deseaba ir, el infierno. Pague las monedas al barquero de la muerte, y dirigí mis pasos por un camino inexistente, nada que mirar, ningún lugar donde buscar, solo las voces de abulia reclamando sus pesares.

Entre todo lo rebelde, y lo cauteloso del infierno, me encontré con un ángel cuyas alas estaban quemadas, humeantes. Me miro detenidamente, y yo me esmere en preguntarle por ti. El esbozo una sonrisa diciéndome que había comprado mi estadía perpetua, y quien yo buscaba, había elegido vivir.

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